viernes, 18 de mayo de 2018

Practicando deporte en la playa


Con la llegada del buen tiempo en las clases de Educación Física de Las Llamas se le saca partido al privilegiado entorno en el que está enclavado nuestro instituto, junto a las playas de El Sardinero. Allí estuvieron el pasado día 14 los alumnos de 2º ESO jugando al rugby y al frisbee con Naike y con Víctor, mientras que el día 15 los de 1º de Bachillerato se enfundaron el neopreno para practicar salvamento marítimo:





miércoles, 16 de mayo de 2018

Convivencia en el Hospital Santa Clotilde

Crónica de la actividad realizada por Mª Luz Moro

Un año más, un grupo de alumnos de 1º de la ESO del IES Las Llamas visita el Hospital  Santa Clotilde con el objetivo de compartir unas horas con los enfermos de este centro, para hacerles pasar un rato agradable y vivir una experiencia intergeneracional y solidaria.

En esta ocasión,  han  sido los alumnos de 1º C los responsables de preparar  un ameno y variado programa de actividades. Desde el área de Lengua y Literatura, orientados por sus profesoras Mª Luz  y Mar, los alumnos han seleccionado una serie de textos trabajados en el aula a lo largo del curso, tales como: poemas, monólogos, leyendas, escenas teatrales, cartas de amor, etc. Especialmente emotivo ha sido el momento en el que Yago y Pablo han entrevistado a los mayores preguntándoles cosas de sus vidas, o la lectura de la carta a su padres de Andrés o la de Andrea dedicada al amor, alguna que otra lagrimita ha caído. Hemos completado lo literario con la excelente interpretación musical de Manuela y Sofía que acompañadas del piano, nos han deleitado con dos modernos temas: “Tu canción” y “Someone Like You”.  Dos bailarinas excepcionales, Adriana y Jana,  han captado la atención de todos cuando han puesto en escena su propia coreografía del tema “Habana”.
















Pero no han sido los alumnos los únicos protagonistas del acto, también los “abuelos” han participado con adivinanzas, poemas y relatos. Para terminar, acompañados a la guitarra de Alex, hemos interpretado todos juntos dos canciones muy alegres y populares: “Viento del norte” y “La fuente de Cacho”. Aquello ha sonado a fiesta, las voces de todos los presentes: alumnos, enfermos, voluntarios, personal del hospital, familiares, etc. han hecho olvidar un poco las penas y las dolencias de los mayores.










Los chicos aseguran que han vivido una experiencia muy bonita, que han  hecho amigos de la tercera edad; alguno dice que ha sido adoptado como nieto y otros que han encontrado un abuelo. Nos esperaban con ilusión,  nos tenían un pequeño obsequio, un precioso marcapáginas hecho por ellos, pero el mejor regalo ha sido invitarnos a devolverles un poco de cariño.

Gracias a los alumnos y a los profesores que han participado en la actividad: Mar, Rosa y Cristina; también a Vanessa, terapeuta ocupacional del hospital, que ha coordinado este encuentro, al equipo de voluntarios  y a todo el personal del Hospital Santa Clotilde.

lunes, 14 de mayo de 2018

Acto de entrega de premios 2018


Esta mañana en el segundo recreo hemos realizado el acto de entrega de premios de todos los concursos organizados a lo largo de este curso por la Biblioteca del instituto, el departamento de Lengua Castellana y Literatura y el departamento de Educación Plástica.
El acto ha estado presidido por Dori Rodríguez, la directora del centro, que tras dar la bienvenida a los presentes ha comenzado a leer los nombres de los galardonados.

En primer lugar han recibido un diploma y un pequeño obsequio los ayudantes de biblioteca, que cada año colaboran de manera voluntaria en el préstamo de libros que se realiza en los recreos. Ellos son Alejandro y Lucas Fontela, Patricia González, Jana Matía, Sofía García, Carmen Nava, Paula Edesa, Carmen Vega, Pedro Setién y Diana Ramírez. En esta foto aparecen los que acudieron al acto junto a Bea Albo, la bibliotecaria, y Raquel Pelayo, también responsable de la biblioteca:


A continuación se ha entregado otro diploma y otro obsequio a los mejores lectores, es decir, a los dos alumnos que más libros han leído durante el presente curso, ambos de 1º ESO: Xavier Quilez y Lucía Fernández. En la foto aparecen junto a Mariluz Moro, Victoria  Quijada y Bea Albo:

En tercer lugar, Diego Martínez, alumno de 2º de Bachillerato, ha recibido también un detalle del centro por haber ganado el Concurso Hispanoamericano de Ortografía en la fase autonómica en el presente curso. En la foto aparece junto a Antonio Sánchez, su profesor de Lengua:

Luego se ha entregado un obsequio a los dos ganadores del Concurso de Tarjetas de Navidad convocado en diciembre entre los alumnos de 1º ESO. Aquí tenéis a Lucía Fernández con su profesora Mariluz Moro (Bruno Díaz, el otro premiado, no puso asistir al acto):


A continuación les tocó el turno a los alumnos premiados en el Concurso de Cartas de Amor que se convocó en el mes de febrero. En el nivel 1 resultaron premiadas las alumnas Natalia Ungur y Andrea Furtuna (con un reconocimiento especial para Andrés López) y en el nivel 2, Berta Lanza y Laura Pérez (con un reconocimiento especial para Diana Ramírez). En la foto están las alumnas que acudieron al acto con la profesora Raquel Pelayo:

En esta foto están los tres alumnos premiados en el Concurso de Carteles del Día del Libro convocado por el departamento de Plástica en la modalidad analógica (David Lamazares, Claudia Fernández y Laura Sierra), junto con su profesora María Gutiérrez:


Y aquí los tres premiados en la modalidad digital, que son Daniela Solar, Néstor Villa y Romén Alonso, también junto a María Gutiérrez:

A continuación se entregó un obsequio a los ganadores del Concurso de Videopoemas impulsado por la profesora Victoria Quijada, que en la foto aparece junto a los premiados: María Shallcrass y Laura Somarriba, de 2º de Bachillerato, y Elena Köhler, Cristina Sobrino, Sergio Flórez y Hugo Castanedo, de 1º:

Por último, se entregaron los premios del Concurso Literario del presente curso. Los ganadores del nivel 1 fueron Nuria San José y Marta Abián en la modalidad de relato, y Jana Matía y Xavier Quilez en la modalidad de fotografía. Aquí aparecen junto a sus profesoras Elena Posada y Bea Albo:

Los ganadores del nivel 2 fueron Laura Pérez y Paula Ibáñez (que no pudo asistir al acto) en la modalidad de relato, Fran Matorras en la modalidad de poesía, y Ana Sofía Martínez y Cecilia Fernández en la de fotografía. Aquí aparecen junto a los profesores Antonio Sánchez y Raquel Pelayo:

Los alumnos premiados que hoy no habéis podido asistir al acto podéis pasar por la biblioteca a recoger vuestro premio mañana en el primer recreo.

Textos premiados en el Concurso Literario 2018 (Nivel 2)


Primer Premio: Relato de Laura Pérez Robledo (4º ESO C)

Clic. 
Dirijo mi mirada a la pantalla de la cámara para observar el resultado. 
Perfecto. 
Camino alrededor del cuerpo, asegurándome de que no quede ningún ángulo sin fotografiar. Llevo una hora aquí, capturando todas y cada una de las esquinas de esta habitación, ahora convertida en la sangrienta escena de un asesinato. Paige Mulligan murió esta madrugada, se estima que entre las tres y cuatro de la mañana, y ha sido hallada con heridas de arma blanca por todo el abdomen. Sin embargo, también presenta síntomas de asfixia.

Con un suspiro, vuelvo la cabeza en dirección a Melissa, mi compañera, y le dedico un asentimiento. Ella me responde con el mismo gesto y da permiso para que se lleven el cuerpo.
Me acerco a Melissa y salimos juntas de la suite. 

–Hemos llamado a su marido, Arnold Mulligan. Seguramente estará ya esperando en la central –dice–. Su mejor amiga, Samantha Jones debe hallarse allí también. Probablemente fue la última persona en verla con vida, ya que quedaron para tomar unas copas hasta las dos de la mañana, aproximadamente. 
–Está bien. Vamos para allá, entonces. 
Nos subimos al coche y aprieto con fuerza el volante antes de arrancar, perdiéndome en mis pensamientos. 
–Phoebe, ¿estás bien? –la voz de Melissa llega a mis oídos sacándome de mi ensoñación. 
–Sí. Sí, claro. –respondo quitando la palanca de mano. 
Cuando llegamos a la central, me dirijo a la sala de interrogatorios, donde Arnold Mulligan, el marido de Paige, aguarda. 
–¿No crees que deberías hablar primero con la señorita Jones? Personalmente, considero que puede tener más información. Si quieres puedo encargarme yo del señor Mulligan –sugiere Melissa colocándose delante de mí. 
Niego decidida. 
–Prefiero hacerlo yo misma. Más tarde hablaré con la chica. 
Melissa traga saliva y asiente. Sus ojos me miran con dureza antes de marcharse. 
¿Qué demonios le pasa? 
Supongo que simplemente le dará rabia no poder llevar el caso. Tiene menos experiencia que yo y es relativamente nueva, por lo que aún no se le ha asignado nada verdaderamente grande. 
–¡Eh! ¡Melissa! –la llamo– No te preocupes, pronto llegará tu gran oportunidad. Es solo… prefiero encargarme yo de esto, ¿comprendes? … Estamos hablando de un asesinato. 
Puedo captar un movimiento en su mandíbula antes de que asienta robóticamente de nuevo y desaparezca. Con un suspiro, prosigo mi camino. 
Me adentro en la sala, donde el señor Mulligan aguarda. Sus pupilas se encuentran fijas en la mesa situada ante él, y a pesar de que sus facciones y quietud irradien serenidad, no para de tapear el suelo con el pie derecho. 
–Buenos días, señor Mulligan –el hombre parece notar mi presencia por primera vez desde que entré en la sala. Sus ojos se abren de par en par y se relame los labios ansioso. Le extiendo la mano, pero no me devuelve el saludo. 
¿Es en serio? 
–Mi nombre es Phoebe Urman –aclaro mi garganta con un leve carraspeo y aparto la mano–. Como bien sabrá, el cuerp…
–Yo no hice nada. –sus pupilas brillan cuando me mira.
–En ningún momento he insinuado tal cosa, señor –replico frunciendo el ceño–. Simplemente he venido para hacerle unas preguntas. 
–Yo nunca haría algo así… –continúa, ignorando mis palabras. 
–¿Sabe si Paige tenía algún tipo de problema? –pregunto entrelazando mis dedos y colocándolos sobre la mesa gris. 
–No, no que yo supiera… –musita bajando la mirada. 
–¿Y entre ustedes? ¿Discutían a menudo? –cuestiono. Las pupilas de Arnold vuelan a través de la habitación con inquietud– Lo mejor será que me diga la verdad, señor Mulligan. 
–No éramos un matrimonio perfecto, ¿vale? –exclama tras unos segundos– Peleábamos muy a menudo y yo… 
–¿Sí?
–Busqué una salida –reconoce tras coger una bocanada de aire–. Una amante.
–¿Una amante? –repito, incrédula. No me lo puedo creer.
–Sí –una gota de sudor se desliza pesadamente por su rostro–. ¿Y sabe qué es lo mejor? 
Me muerdo el labio y niego con la cabeza. Arnold, aunque temeroso, se inclina sobre la mesa, como si fuera a contarme un secreto. Sus ojos oscuros irradian veneno y tristeza. 
–Ella fue quien mató a mi mujer.
Asiento y saco una libreta y un bolígrafo del bolsillo de mi pantalón. Mi visión se nubla y echo un vistazo a la cámara de la esquina. 
Joder…
–¿Puede decirme el nombre de la mujer? –cuestiono intentando que la voz no me tiemble. 
–Sí. –responde casi al instante. 
El pánico estalla en mi interior. Se supone… Se supone…  
–Phoebe Urman. –mi nombre sale de sus labios en forma de suspiro. 
Se supone que estábamos juntos en esto. 
Soltando un alarido me levanto y saco mi arma, apuntándole con ella. 
–Eres un hijo de puta –escupo–. Pensé que teníamos un trato. 
Las lágrimas se deslizan por mi mejilla como cascadas y el vivo recuerdo del cuerpo inerte de Paige a mis pies, el recuerdo de la sangre cubriendo mis manos y mi ropa, quema mi mente como un ardiente fuego. 
Antes de que Arnold pueda responder, Melissa se adentra en la sala con el arma en las manos. Inmediatamente apunto en su dirección. 
–Sospechaba que estabas metida en cosas extrañas, Phoebe, pero nunca pensé que fueras capaz de algo así. –pronuncia con asco. 
Emito una corta y desquiciada carcajada. El sudor comienza a manchar mi cuerpo y al ver que no hay más policías que ella en la entrada, decido que esta es mi única oportunidad. Es poco probable que sea capaz de escapar de aquí, pero tengo que intentarlo. No pienso pasar el resto de mis días entre rejas. 
Pero supongo que el destino funciona de manera complicada e interesante, entrelazando las vidas de la gente de la forma menos conveniente. La única certeza que tengo antes de que todo se vuelva negro, es que Melissa ha apretado el gatillo al mismo tiempo que yo. 

Segundo Premio: Relato de Paula Ibáñez (2º Bachillerato A)

AL CAER LA NOCHE

         El día que murieron no quedó más que el tortuoso recuerdo de lo que pudieron ser y no fueron; no quedó más que la falsa esperanza que les susurraba al oído, muy bajito, que todo saldría bien, aunque jamás fuera a ser así. No quedó más que la ley del más fuerte, la desgracia, el dolor que supone la supervivencia, y las sombras que habían transformado el planeta en lo que ahora era: restos de un intento fallido que iba a peor con el paso del tiempo.

     El día en el que todos se escondieron en la noche, cada uno de ellos, tanto las pobres almas que quedaron en tierra como las que no, fallecieron, se esfumaron y se volvieron polvo. Una parte de los supervivientes murió aquel día. Muertos, para renacer entre las cenizas de lo que alguna vez fueron sus vidas.

Su libertad se vio cruelmente truncada por sus mayores miedos, se vieron arrastrados inevitablemente hacia la desgracia, y los condenaron, sin compasión, a arrastrar sus heridas por el suelo de forma permanente, cada día de su corta vida.

Aparentemente, los humanos parecían haber perdido todo como castigo por cada uno de los pecados cometidos desde siglos atrás… ¿Dónde se encontraba ese Dios misericordioso y compasivo?

Habían sido abandonados a su suerte...y su destino no era muy diferente a los que habían muerto en el inicio de la invasión.


    Milo Webster había escuchado decir en una ocasión al Viejo Lobo, que debían de agradecer por estar ahí, con dos dedos de frente y los pies en la tierra, y no ser uno de esos sacos de huesos que decoraban la noche. Milo sabía que si sus pasos se detenían quedaría atrapado en su pasado, en toda la desgracia que había consumido prontamente su vida, y que por lo tanto sería más fácil llegar a su fin de forma lenta y tortuosa...Y, por otro lado, si continuaba luchando y caminando, seguiría adentrándose cada vez más en el camino hacia el matadero, a una muerte terrible. Y es que su existencia podía acabar dentro de dos pasos, dentro de cincuenta, o quizás nunca.

La incertidumbre siempre fue peor que la muerte.

Entonces, ¿Por qué debía de agradecer? Su supervivencia en aquella cruel realidad era como estar totalmente muerto en vida.

Lo sentía cada segundo del día: cuando luchaba por un pedazo de pan que llevarse a la boca, cuando aún sonaban en su cabeza los lamentos de aquellos que quería, cuando el miedo no le daba tregua ni en sus mejores sueños...Lo sentía en lo más profundo de su ser: los envidiaba. Envidiaba a los que habían muerto por el mero hecho de haber fallecido. Ellos no habían tenido que luchar, o al menos no tanto como Milo.

Hizo una mueca, «Estoy acabado» pensó con tristeza.

     —Te has dado por vencido. —le reprochó Alicia Zenyabi, al leer la melancolía en su expresión. —Darse por vencido es como servirte en bandeja y dejar que te hagan pedazos.

Suspiró.

El grado de desesperación era tal, que sobrevivir se había vuelto una condena, se habían vuelto errantes a la espera de un futuro fatal que podía volverse un presente sin siquiera verlo venir.

     No se atrevió a responder, de todas formas, tenía mucho que pensar, pero poco que decir. Quizás ese era uno de sus principales problemas: solo sabía callar y sobrevivir, no compartía su pérdida con el resto y esperaba a estar solo para mostrar cuán desgraciado estaba realmente. El desenlace era previsible: acabaría explotando.

     —Genial. Vamos, lárgate. —espetó la muchacha con dureza. Él se limitó a observar las vistas con seriedad, mientras el cálido viento del desierto removía suavemente su cabello y resecaba más su piel.

Habían acampado en el sur de California, en el Desierto de Mojave. Sus tiendas de campaña habían sido levantadas junto a unos cañones, sobre el páramo seco y dorado repleto de yuccas y otra vegetación propia del clima árido. Hacía un calor infernal, pero era el lugar más seguro que habían encontrado. Tan vacío que no había ni un alma, y eso era literalmente lo que buscaban.

Milo se había visto sobrepasado por la situación y había tenido que alejarse, no estaba muy lejos, sin embargo - por precaución -, podía ver desde el desnivel sobre el que estaba sentado las tres tiendas de campaña y la fogata que habían encendido; a unos veinte metros de distancia.

Pero necesitaba espacio. Una vez más se habían visto obligados a huir del pasaje “seguro” en el que se había instalado a las afueras de California, y una vez más habían perdido a gente en el camino. Cada vez eran menos supervivientes en su grupo, y eso era totalmente desalentador, ¿Y si terminaba por quedarse solo, que sucedería?

«Estoy acabado» pensó una vez más, mientras miraba sin ver el paisaje yermo que se extendía frente a sus ojos.

Comenzaba a anochecer, y por primera vez admitió sentir el miedo inundar cada palmo de su piel bronceada.

     —Vamos, al fin y al cabo, no serás ni el primero ni el último. —continuó hablando. En su voz sonaba la misma desesperación que sentía el corazón de Milo. —Al fin y al cabo, todos moriremos, ¿No es cierto?

«Te has vuelto un artista romántico.» le hubiera dicho su hermana Beatrice Webster; la primera en caer en desgracia, ¿Pero sería capaz de elegir su propia muerte y no esperar a que ella sola le alcanzara...tal como Larra y Ganivet? Recordó de pronto una frase de Rousseau: “Cuando la vida es un mal para uno y no es un bien para nadie, está permitido librarse de ella”.

¿Sería capaz de marcharse?


MODALIDAD DE POESÍA

Segundo Premio: Francisco Matorras

"Elegía a Stephen Hawking"

Las piernas fallan, la mente no para,
por un ordenador puedes hablar.
Ya más no nos podrás impresionar
por culpa de esa enfermedad tan rara.

Que no sobresalías por tu cara,
mas por tu forma de pensar.
Pero solo te queda descansar,
aunque ojalá más tiempo te quedara.

Ejemplo de superación con creces,
con tesón y esfuerzo tanto lograste,
porque todo lo bueno te mereces.

Tras tanto trabajo no te cansaste
aun habiendo fallado varias veces,
y por eso, lo sabes, tú ganaste.



Textos premiados en el Concurso Literario 2018 (Nivel 1)


Primer Premio: Relato de Nuria San José (3º ESO C)

SIN BALAS LAS ARMAS NO HABLAN

14 de agosto de 1980

Lentamente me desenfundó. Paso sus frías y ásperas manos por mi cuerpo. Introdujo todas las balas hasta llenar mi cargador, y con un suave y seco movimiento estas se desplazaron hacia arriba. Sus dedos no temblaban. Parecía tener todo estrictamente planeado. El tubo con el silenciador se deslizó con soltura por mi cañón roscado. Con delicadeza introdujo el índice en el gatillo. La chispa desencadenante ascendió hasta alcanzar la pólvora. Silencio. Solo se oía una respiración indiferente y un suspiro en forma de agonía de esa persona cuya vida acababa de ser arrebatada por uno de mis proyectiles. El silencio fue interrumpido nuevamente por el ligero sonido del casquillo estrellándose contra el gélido suelo.


8 de diciembre del 1980

Era la madrugada de una jornada que supuestamente iba a ser tranquila. Un día normal, como otro cualquiera. Mientras todos dormían, yo yacía en mitad de aquella carretera desierta y abandonada, mientras sentía como las gélidas gotas de lluvia patinaban sobre el acero.

Una luz que venía de lejos hizo que deslumbrara en la profunda oscuridad, y el sonido de un motor me indicó que un coche se acercaba a gran velocidad, pero inesperadamente, frenó con un gran ruido ensordecedor.

Bajó del coche un hombre, de mediana edad y con el pelo engominado y brillante. Se podía apreciar su expresión facial de preocupación a pesar de la escasa iluminación. Comprobando que nadie la observase, se agachó y me recogió del suelo con extremada suavidad. Se metió de nuevo en el vehículo que tenía un peculiar olor a vainilla, y me introdujo en la guantera delicadamente, como si de un tesoro se tratase.

Cuando finalmente me sacó de aquel minúsculo espacio, estaba en la habitación de un hotel, pero rápidamente fui transportada, bajo la chaqueta del mismo hombre, al exterior de aquel imponente edificio.

Allí cometí otro asesinato, una vez más sin consciencia de ello.

Apresuradamente me sacaron de mi escondite, y en unas décimas de segundo, el proyectil alcanzó el pecho de un hombre, seguido de otros cuatro disparos más que se apoderaron del alma de ese pobre e inocente chico.


11 de abril de 1986

No me quedaba ni una sola bala. Mi cargador estaba completamente vacío. En medio de aquel tiroteo, fui tirada al suelo cual una simple piedra. Y yo valgo más que una piedra. No tengo el poder, pero si la habilidad, de arrebatar existencias, de arrebatar vidas, con el simple hecho de que alguien me dispare. Pero tengo que ser accionada, necesito que alguien sea responsable de mis descargas.

No tengo el poder de decidir el destino de una persona, sino que soy utilizada, la mayoría de las veces sin razón ni motivo, para ejecutar a personas que no han hecho nada para merecer la pérdida de su inocente espíritu. Yo obedezco órdenes, porque no me ha sido atribuida la destreza de poder realizar acciones por mi propio juicio. En efecto, no es la bala quien mata, sino quien aprieta el gatillo.


3 de febrero de 1987

Descorrió con tranquilidad la sedosa cortina para que la luz de la luna inundara el cuarto, y desde allí, divisó a su próxima víctima. Haciendo chirriar las maderas del suelo antiguo para dirigirse a la calle. Su pulso acelerado era casi tan perceptible con el susurro del viento en una noche de verano. No podía hacer ningún movimiento en falso ni levantar sospechas, y eso le alteraba. “Pum”. Un nombre nuevo saldría al día siguiente en las noticias, cuando una persona completamente ajena llamara a emergencias pidiendo a gritos una ambulancia.

Y bien. Años más tarde, estoy encerrada entre unas impolutas vitrinas de cristal con sensores de movimiento, guardias de seguridad en la sala y cientos de personas que pasan al día a hacerse fotos conmigo.

Parece ser, según pone en el panel que está expuesto a mi lado, que fui yo el arma con el que asesinaron a la famosa Dorothy Stratten, una modelo de prestigio en el verano de 1980.

Aquella tarde de diciembre, murió a mi cuenta nada más y nada menos que a John Lennon.

En la masacre de Florida en el 86 también estuve presente y actuando y provoqué la muerte de dieciséis personas inocentes, y por desgracia también, una de mis balas quitó la vida a Donal Aronow, un increíble diseñador de barcos americano del 87.

Es triste pensar que me echen a mí la culpa de la pérdida de estas personas. Que me estén visitando en un museo cuando no debería ser nada a lo que alabar. En cambio, debería haber una evolución en el mundo de las armas. Porque una simple pistola como yo no puede accionar una bala, porque son las personas quienes desencadenan las desgracias. Porque no soy yo quien debe ser menos peligrosa, ni los inocentes que son disparado más precavidos. Son los individuos que aprietan el gatillo los que tienen que aprender a parar un segundo el tiempo y pensar, porque ese segundo que ellos no paran, puede hacer parar el tiempo eternamente de otras personas. Porque una bala puede cambiar o hacer, pero jamás traerá la paz a quienes la disparan.


Segundo Premio: Relato de Marta Abián (3º ESO C)

LAS AVENTURAS DE TAKERU

Mi nombre es Takeru y os voy a contar mi emocionante y trágica aventura donde conocí a algunos de mis amigos.
Yo vivía en una casa de madera, cerca de una cueva enorme donde trabajaban mi padre y mi hermano. Mi madre, murió nada más nacer yo. 
En la aldea nadie tenía mucho dinero, ya que a menudo pasaban unos saqueadores que robaban a los mineros las joyas preciosas que encontraban. Esos mineros eran un grupo de padres e hijos incluida mi familia. Esas joyas iban destinadas a la mismísima reina de Gaara llamada Sakura, que adoraba el lujo. 
A veces, había unas elecciones para nombrar al jefe de la aldea, que casualmente siempre fallecía misteriosamente. Pensaban que era una maldición de los dioses. 
El tercer día del año 1221 de la segunda era, los representantes de la aldea nombraron a mi padre jefe de la aldea en contra de su voluntad. Mi padre era un nefasto gobernante, así que buscó un consejero y la única persona que encontró, fue una mujer joven la cual servía a un único dios, el dios del cielo llamado Sky. Ella, en los ratos libres, se iba a un descampado a las afueras de la aldea para hablar con su dios. 
Poco a poco, la aldea fue enriqueciéndose gracias a mi padre, pero esto tuvo consecuencias ya que la reina Sakura no obtenía todas las joyas que quería, provocando represalias contra los mineros. Envió a cien soldados a luchar, triplicándonos en número y armas. Yo nunca confié en la joven bruja, pero mi padre sí. Para colmo estaba enamorado de ella. La bruja dijo que sabía cómo ganar esa guerra ya que había estado hablando con Sky. Solo había que derramar una vida, una única vida, la de mi hermano mayor. Tendría que ser sacrificado en el río que pasaba por la aldea, el día 203 de ese año. Mi padre, desesperado, asintió al trato que había propuesto la malvada bruja.


Días después del sacrificio de mi pobre hermano, llegó un aviso de Gaara para que nos rindiésemos o abandonásemos la aldea de inmediato. Mi padre, confiando en el sacrificio que hizo unos días atrás, no quiso rendirse, ya que no quería que su hijo muriera en vano. Así comenzó mi aventura, sin madre, sin hermano y con un padre loco y despiadado gracias a esa maldita bruja embustera que se llevó el alma de mi hermano.  Yo estaba aterrado del cambio de mi padre. Sin otra opción, decidí escapar y emprender un largo viaje y lleno de aventuras en las que conocí a Hikari y Taichí.
Solo pasaron un par de años de la segunda era, cuando anunciaron que la antigua aldea, tras ganar la guerra, se había convertido en Termari, una de las ciudades más bellas de toda Gaara. Estaba gobernada por mi padre que se había convertido en un tirano, acompañado de la joven y bella bruja. 
Al enterarse de que me encontraba en la ciudad, mandó a cincuenta hombres a buscarme, pero nunca me encontraron ya que mi aspecto era completamente distinto y me había hecho llamar Takeru.
Estaba muerto de hambre, así que fui de mercadillo en mercadillo para ver si podía obtener algo para comer. Al día siguiente encontré a una niña bajita, de pelo largo y muy espabilada. Estaba tirada en el suelo y parecía que la habían dado una paliza, y así era, todos sus amigos se metían con ella porque era pequeña. Fui corriendo a ayudarla, me acordé que tenía un trozo de pan en la mochila y se lo entregué. Me dio las gracias y me dijo su nombre, se llamaba Hikari. 
Viajamos juntos durante un año y cuando Hikari y yo estábamos buscando algún sitio para refugiarnos, nos encontramos a Taichi en una casa abandonada. Menos mal que el destino hizo que nos conociera, porque no hacía más cosas que meter la pata en todo y ser problemático. Taichi era una chica peculiar con su bata y con su gorro de científico. En ese momento, estaba trabajando en un invento. Hikari y yo nos paramos delante de él para ver lo que estaba haciendo y se presentó en ese momento como el científico Taichi y nos explicó lo que estaba haciendo. Cuando nos lo estaba explicando, Hikari vio que salía mucho humo de su experimento, pero no nos hizo casi, él lo veía como una cosa normal. 
Nos fuimos a inspeccionar el resto de la casa cuando de repente oímos un alarido desgarrador, regresamos rápidamente y vimos que procedía de Taichi, su experimento había explotado y estaba rodeado de fuego. Le rescaté como pude y salimos rápidamente de la vieja casa. Pese a encontrarse a salvo, Taichí se mostraba muy nervioso, así que le pregunté por qué estaba así, y me respondió que había perdido su gorro, por lo visto era algo muy especial para él. Para animarle le dije que sin gorro tenía más aspecto de científico. Me dio las gracias, pero nada convencido. 
Horas antes Hikari y yo habíamos visto otro refugio, así que le invitamos a venir con nosotros. Cuando llegamos Taichi y yo nos pusimos a hacer un fuego para calentarnos, pero al rato nos dimos cuenta que Hikari no estaba allí, solo estaba el trozo de pan que estaba comiendo. La buscamos por toda la casa y por los alrededores, pero no encontramos ni rastro de ella. Esa fue la última vez que vi a la pobre Hikari viva. Recuerdo que esa noche no pude dormir nada, estaba preocupado por Hikari, al fin y al cabo, ella era como mi hermana pequeña. 
A la mañana siguiente vinieron unos hombres al refugio y nos preguntaron si conocíamos a una niña pequeña con el pelo muy largo. En seguida respondí que la conocía, pero me dijeron que la encontraron por la noche muerta en el estanque a unos metros de allí. Inmediatamente se fueron y yo empecé a llorar. 
Estuve un buen rato recordándola, pero teníamos que irnos de allí porque podía ser peligroso. Decidí continuar con Taichi que era la única persona en la que confiaba en aquel momento.
Y años después, niños, me encuentro en esta clase con vosotros.
Adrián:          Profe Takeru.
Takeru:         ¿Qué pasa Adrián?
Adrián:          ¿Por qué nos cuentas eso?
Carla:                        Es verdad.
Margarita:    Pues yo no he entendido nada de lo que has dicho.
Daniel:          Pues que sepáis que yo lo he entendido a la perfección.
Takeru:         Muy bien Dani. ¡Chicos! Atención, apuntad en vuestros cuadernos una nueva palabra: Perseverancia. Y acordaos de que se escribe con “v”.
Matias:          ¡Vale, profe!
Daniel:          Yo no la apunto porque ya la conocía.
Takeru:         ¿Alguien puede decirme lo que significa “perseverancia”?
                        ¿Nadie?
La perseverancia es un esfuerzo continuo, supone alcanzar lo que se propone y buscar soluciones a las dificultades que puedan surgir.
Bien, chicos, es la hora. Continuaremos el lunes. Buen fin de semana y aprovechad para hacer aquello que os guste.

jueves, 10 de mayo de 2018

Acto de entrega de premios


Acto convocado por el Departamento de Lengua y Literatura, el Departamento de Plástica y la Biblioteca



El lunes 14 de mayo en el 2º recreo se realizará en la B9 la entrega de diplomas y premios a:



AYUDANTES DE BIBLIOTECA, ALUMNOS MÁS LECTORES Y GANADORES DE LOS CONCURSOS DE ORTOGRAFÍA, POSTALES DE NAVIDAD, CARTAS DE AMOR, VIDEOPOEMAS, CARTELES DEL DÍA DEL LIBRO Y CERTAMEN LITERARIO.



¡No podéis faltar!



Se ruega a los alumnos premiados que no se retrasen y que se sienten en las primeras filas para que dé tiempo a entregar todos los premios.

miércoles, 9 de mayo de 2018

Premios del Concurso Literario 2018


Tras una larga deliberación, los miembros del departamento de Lengua Castellana y Literatura han decidido otorgar los siguientes premios:

NIVEL 1 (1º, 2º y 3º ESO)

Modalidad de narrativa

Primer Premio: Nuria San José Molinero (3º ESO C) por su relato titulado "Sin balas las armas no hablan".

Segundo Premio: Marta Abián López (3º ESO C) por "Las aventuras de Takeru".

Modalidad de poesía

Primer Premio: Desierto.

Segundo Premio: Desierto.

Modalidad de fotografía

Primer Premio: Jana Matía Echagüe (2º ESO B) por esta fotografía con cita de la novela "Of the stars":

Segundo Premio: Xavier Quilez Minoves (1º ESO A) por esta fotografía de una puesta de sol con texto de "El Principito":



NIVEL 2 (4º ESO y Bachillerato)

Modalidad de narrativa

Primer Premio: Laura Pérez Robledo (4º ESO C) por su relato sin título que comienza con un "Clic" en la escena de un crimen.

Segundo Premio: Paula Ibáñez Cabrero (2º Bachillerato A) por su relato "Al caer la noche".

Modalidad de poesía

Primer Premio: Desierto.

Segundo Premio: Francisco Matorras Cuevas (2º Bachillerato D) por su "Elegía a Hawking".


Modalidad de fotografía

Primer Premio: Ana Sofía Martínez (4º ESO C) por esta fotografía con cita extraída de la novela "Las ventajas de ser un marginado":


Segundo Premio: Cecilia Fernández Llave (4º ESO B) por esta fotografía con cita de la novela "Rubí":


¡ENHORABUENA A TODOS LOS PREMIADOS!

El acto de entrega de premios tendrá lugar el próximo lunes 14 de mayo
en el segundo recreo en la B9.
Próximamente podréis leer en "El Rollo de Las Llamas" los textos de los ganadores.

sábado, 28 de abril de 2018

Tres alumnas de Las Llamas premiadas en el concurso "Cuentos contra el Bullying"


Leyre Crespo, Alba García y Berta Lanza han recibido su premio esta mañana en la Feria del Libro de Santander, donde está a la venta el libro “Cuentos contra el Bullying” en el que están incluidos sus tres relatos.

Esta mañana ha tenido lugar en la Feria del Libro de Santander la entrega de premios del Concurso “Cuentos contra el Bullying” organizado por la fundación “Fair Saturday” en colaboración con el Ayuntamiento de Santander.

Al concurso se presentaron más de cien relatos y se ha publicado un libro con los quince ganadores y con otros quince menciones especiales. Aparte de un diploma y de uno de los ejemplares de “Cuentos contra el bullying”, los ganadores han podido destinar un cheque de 100 euros a la asociación o proyecto social que ellos mismos habían elegido.


El acto ha estado presidido por la alcaldesa de Santander, Gema Igual, que ha estado acompañada por el fundador de Fair Saturday, Jordi Albareda, y por el delegado de NACE (“No Al Acoso Escolar”), el exjugador de baloncesto Iñaki Zubizarreta, que ha cerrado el acto con un emotivo discurso en el que ha relato su vivencia personal como víctima de bullying.
Leyre y Alba antes del comienzo del acto.


Iñaki Zubizarreta contando su testimonio personal sobre el bullying.
Gema Igual, alcaldesa de Santander, abriendo el acto.

Berta antes de recibir el premio.


Os animamos a todos a que compréis el libro de “Cuentos contra el bullying”, que se puede adquirir en el stand que tiene la Librería Nexus en la Feria del Libro. Cuesta tan solo diez euros que también irán destinados a los proyectos sociales escogidos por los alumnos que han escrito los relatos premiados.

De esos quince relatos ganadores, tres están escritos por alumnas de nuestro instituto:

Leyre Crespo Ruiz, de 4º ESO, escribió un cuento titulado “Detener el bullying es cosa de todos” que trataba sobre un chico con síndrome de Asperger, y ha decidido donar el dinero de su premio a “Manos Unidas”. 

Leyre Crespo tras hacer entrega de su premio a la representante de Manos Unidas 


Alba García Bengochea, de 1º de Bachillerato, escribió el relato titulado “Coral, la niña que superó sus dificultades”, sobre una alumna con problemas de aprendizaje, y ha decidido donar su premio a ADECA  (Ayuda de Despegar Cantabria). 
Alba García con la representante de ADECA.


Berta Lanza Orizaola, también de 1º de Bachillerato, escribió un relato titulado “Más allá de los sueños” acerca de la homofobia, y ha decidido donar su premio a ALEGA (Asociación de Lesbianas, Gais, Transexuales y Bisexuales de Cantabria). 
Berta Lanza con su diploma tras hacer entrega del cheque a la representante de ALEGA.

Próximamente compartiremos también las fotos que ha realizado el fotógrafo oficial del acto.

¡¡ENHORABUENA, CHICAS!!